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Primer capítulo ALGO ENTRE NOSOTROS

CAÍDA

 

Valencia

Cuando Silvia entró en su habitación y vio a su amiga brincando a horcajadas sobre el regazo de su novio, ambos desnudos y sudando, simplemente salió de allí como si fuera una autómata.

Caminó sin rumbo, y continuó haciéndolo hasta que la orilla del mar rozó la punta de sus zapatos. Eso le hizo despertar del shock.

Entonces, gritó con todas sus fuerzas.

Gritó hasta sentir un fuerte escozor en la garganta.

 

Madrid

Dani lanzó su teléfono móvil contra la puerta justo cuando esta terminaba de cerrarse. Su novia acababa de dejarle después de dos años de relación.

«No puedo estar con un hombre tan mediocre como tú», le había dicho, y en ese momento no entendía cómo demonios había podido compartir su vida con una mujer tan frívola e insensible.

Sin embargo, y aunque sus ojos se lo pedían, Dani no lloró. La frustración no le dejaba.

Todo el esfuerzo y sacrificio de la última década se había ido por la borda en cuestión de minutos.

Se había quedado sin trabajo, sin novia, y sin teléfono.

Antella, Florencia

Segundo sábado de julio. Doce del mediodía.

Se suponía que a esas horas debería estar dando el condenado “sí, quiero” a su novio, y no despatarrada en el sofá de sus padres mientras el calor se derramaba por la ventana.

Insufrible, así lo sentía.

Silvia se incorporó de golpe, se dirigió al baño y metió la cabeza bajo el agua fría. Evitó cerrar los ojos. Si lo hacía, volvería a ver la bochornosa y repugnante escena.

En cambio, recordó otra cosa.

Algo incluso igual de doloroso.

«—Oh, vamos, cariño, no te pongas así —le dijo su ya ex novio mientras ella no dejaba de recoger sus cosas—. ¿Qué vamos a decirles a nuestros padres? ¡Nos casamos en una semana!

—No me llames cariño después de follarte a mi mejor amiga, Sergio.

—Escucha. —El tipo la detuvo cogiéndola de los hombros—. No ha pasado nada. Simplemente necesitaba desfogar. No es para tanto. Los hombres debemos tener nuestros desahogos. Tú y yo somos felices juntos, ¿cierto? ¿Qué más da si tengo unas aventuras de vez en cuando?

Era increíble lo que escuchaba. Ni siquiera reconocía el bonito rostro que tenía enfrente. Tan solo podía pensar en patearle, pero eso le llevaría a estar más tiempo en ese maldito piso y no lo soportaba.

—La agencia vendrá a recoger el resto de las cosas la semana que viene —espetó liberándose de él y dirigiéndose a la puerta con su maleta.

—¿Vas a dejarme? Si sales por esa puerta dudo que alguien alguna vez pueda llegar a enamorarse de ti —masculló Sergio bloqueándole el paso—. No eres femenina, ni elegante. Eres malhablada, a veces ordinaria e incluso una inepta en las labores del hogar. Ni siquiera eres buena en la cama. Silvia, soy de los pocos que pueden aceptarlo.»

Al mirarse en el espejo del baño, Silvia resopló todavía empapada por el agua. Se fue a su habitación y se desplomó agotada en la cama.

Madrid

Sentado en la terraza de una cafetería cerca de Gran Vía, Dani evitaba cualquier tipo de contacto visual con su amigo. El escrutinio de este estaba siendo de todo menos amable.

Javi era su mejor amigo, un descarado abogado madrileño de treinta y tres años bastante atractivo.

—Escúpelo, no vaya a ser que te atragantes —dijo Dani llevándose su cerveza a la boca.

—¡¿Qué coño significa todo esto?! —Javi tardó poco en protestar—. Llevo una puta semana intentando ponerme en contacto contigo. No has salido de casa y ni siquiera me has abierto la puerta cuando me he pasado a visitarte. Además de que tienes unas ojeras como La Castellana de grandes, joder. Seguro que ni te has duchado, guarro.

—Gracias por la delicadeza.

Javi lo sabía todo. Que su socio le había traicionado, que su novia se acostaba con él, que había perdido su preciada estrella Michelin y que, para colmo, todavía seguía sin teléfono móvil.

—Demándale, Dani. Ganarás. Puedo llevarte el caso —le aconsejó.

—¿Cuánto cuesta esa broma?

—¿Te vas a poner rata por una cena?

Sonrió. Desde luego que era un buen tío. Tampoco es que tuviera mucho que perder si contaba con la ayuda de Javi. Ya sabía que era un demonio como abogado.

—Cambia de aires. Vete de viaje unos días a Málaga, a las Bahamas, a dónde mierda sea. Olvídate de la zorra de Carla y de ese cabronazo de tu socio, desconecta. Yo me encargaré de todo aquí, ¿me oyes? Les voy a meter un puro que se van a cagar por las patas abajo. Y después les haré tragar toda la mierda que hayan cagado, para que la vuelvan a cagar y así, sucesivamente.

Dani frunció el ceño.

—Te veo con inquina.

—Uno de los dos debe mostrarla. —Porque él ni siquiera había podido llorar—. ¿Y bien? ¿Me harás caso?

Antella, Florencia

Seguía sin poder derramar una maldita lágrima.

Había pensado que pasar unas semanas en la preciosa casa de campo que la había visto criarse le haría olvidar todo mucho más rápido. Pero cada detalle le recordaba lo sucedido. Quizás porque la boda iba a desarrollarse allí mismo.

Todos los preparativos estaban amontonados en el jardín, el cenador estaba a medio desmontar y su caro vestido de novia colgaba de la puerta del armario.

En solo unos días todos sus planes se habían ido al garete. Y ahora se encontraba con un par de kilos de helado y snacks variados navegando por su trasero y sin saber muy bien qué hacer con su vida.

Se removió y pataleó agitada sobre el colchón al tiempo en que su padre asomaba la cabeza por la puerta. Ambos se miraron; él divertido, ella un poco avergonzada.

—Me has recordado el día en que te quedaste sin entradas para el concierto de Tiziano Ferro en Roma. Estuviste tres días en huelga de hambre —comentó el hombre entrando en la habitación.

—Para colmo engordé. ¿Te lo puedes creer?

Sonrieron mientras ella se sentaba al filo de la cama. El padre la imitó y rodeó su espalda con un brazo, atrayéndola hacia él. Silvia acomodó la cabeza en su hombro y suspiró reconfortada. Su progenitor era el amor de su vida.

—Hubiera sido mucho más doloroso descubrir qué tipo de hombre era estando casada con él, ¿no crees?

Era lo primero que mencionaba en relación a lo sucedido. Cuando se lo contó a sus padres lo único que hicieron fue animarla y evitar cualquier comentario hiriente. No querían obligarla a hablar más de lo que estaba preparada para decir. Todavía tenía mucho que asimilar.

Por eso le sorprendió que su padre dijera aquello. Era su fascinante forma de animarla.

Al levantar la cabeza no tardó en verse reflejada en los ojos del hombre. Él le había enseñado a creer en sí misma, y no en el destino y sus estúpidas señales que no llevan a ninguna parte. Que Sergio hubiera resultado ser un maldito canalla no era algo casual, sino una muestra de su verdadera naturaleza. Algo que no puede cambiarse y de lo que, por suerte, Silvia se había librado.

Ella sonrió mientras su padre le acariciaba la frente.

—Tengo algo para ti —dijo él echando mano al bolsillo de su pantalón. Extrajo un sobre que Silvia no tardó en abrir.

Descubrió que albergaba el viaje a Taiwán.

—Papá… —exclamó sorprendida. Llevaba mucho tiempo queriendo viajar a ese país.

—Era nuestro regalo de bodas, pero hemos hecho unos cambios. ¿Por qué no vas y exploras?

No pudo decir mucho porque enseguida se vio rodeada por los brazos de su padre. Se perdió en ellos.

Madrid

Cuando llegó a casa, Dani se cogió una lata de cerveza fría de la nevera y se sentó en el sofá de su bonito salón. Estaba debatiendo consigo mismo sobre lo que había sugerido su amigo.

Si visitaba Málaga tendría que dar muchas explicaciones a su familia, y no tenía demasiada gana. Necesitaba un escenario completamente diferente y en el que nadie le conociera.

A ser posible muy lejano.

Cogió su portátil, abrió Google Earth y comenzó a juguetear con la bola del mundo interactiva. Echaría a suertes su destino vacacional.

El primer intento le llevó a las profundidades del Congo; le costó bastante imaginarse rodeado de selva en mitad de un conflicto armado.

La segunda opción fue una isla abandonada de la Antártida. Le gustaba el frío pero tampoco quería morir en el intento.

Estaba por dejarlo cuando decidió intentarlo una última vez. La tercera opción era admisible, y le provocó curiosidad, además de una sonrisa.

Taiwán.

«Bueno, puede que esté bien», pensó al empezar a buscar vuelos.

 

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One Comment

  • Patricia Morenz

    Quedé super intrigada por lo que sigue de la historia, a pesar de que es sólo el primer capítulo ya me ha hecho emocionarme y sonreír… Definitivamente una libro que debo tener. Ale siempre eres una genia 😘

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